Cuando tuve mi primer desengaño amoroso, El Monstruo del Armario no dijo nada. Solo me devolvió uno de mis calcetines desparejados: uno que tenía un pequeño agujero que él mismo había remendado.
Y entonces me explicó que, a veces, las cosas perdidas también pueden volver. Y las rotas arreglarse... Pero que, si finalmente no sucede nada de eso, será que ha llegado el momento de estrenar unos calcetines nuevos.
