La Colección Del Verano


Aquella niña coleccionaba las caracolas que recogía durante sus vacaciones en la playa. En ellas no alcanzaba a escuchar el mar, pero cuando se las colocaba en el oído, decía que podía intuir a su madre cantando o a su padre alzando la voz mientras hablaba por teléfono.

Una noche, mientras regresaban a su apartamento de verano bordeando el acantilado, la niña le entregó a su madre su último hallazgo:

—Esta es especial para ti, mamá —susurró—. Ahora sí que será la definitiva.

Al acercársela al oído, la mujer no escuchó el océano, pero sí que reconoció su propia voz gritando desde un futuro inmediato, suplicando que alguien la ayudara antes de que el agua terminara de cubrir el techo del coche. Espantada, miró a su hija a los ojos. La pequeña sonrió en la penumbra del asiento trasero y le preguntó:

—¿A que ahora sí que suena como el propio mar, mamá?

Y, en ese preciso instante, el padre perdió el control y el asfalto desapareció bajo los faros del vehículo.

 

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