Se lanzó bajo la cama, huyendo de la horrible criatura que surgía del armario. Allí, en la oscuridad, creyó estar a salvo hasta que sintió un aliento helado en su nuca. Lo último que vio fue su reflejo en una pupila inmensa: el armario era solo el señuelo. El verdadero monstruo siempre había estado ahí, bajo su colchón.
