La Llave De La Memoria

 

 

Como parte de un estudio para curar el Alzheimer, me implantaron un chip para que dejara de olvidar las cosas. En pocos días el éxito fue total: empecé a recordar cada palabra dicha, cada olor percibido, cada sueño experimentado. Pero no todo iba a ser perfecto. El implante empezó a recuperar recuerdos que no me pertenecían o, al menos, de los que yo no era consciente: mi suicidio en 1920, el sabor del veneno que mi esposa mezcló con el vino en la Edad Media y el frío del espacio exterior antes de que la Tierra existiera.

Mi mente está colapsando bajo el peso de cientos de vidas pasadas, y ahora solo espero que alguien pulse el botón de "resetear" antes de que el último recuerdo que me quede sea el de una vida perdida que ni siquiera he llegado a completar.