Ayer me tragué una mosca, delante de mi hijo pequeño. Él me preguntó si ahora yo ya podía volar. Le dije que no, que solo podía zumbarle al oído cuando se portara mal. Se quedó mirándome con una mezcla de miedo y respeto... Pero al menos por un día, y gracias al despiste de la mosca, volví a ser su superhéroe.
