El Secreto Del Sótano

 

El sótano de la casa de la abuela era un lugar prohibido. Ella aseguraba a su nieto que había tanta humedad que el aire era casi irrespirable y podría llegar a enfermar. Pero una tarde, cuando la mujer bajó, el pestillo no quedó bien acerrojado y la puerta cedió con un pequeño empujón. El chico bajó de puntillas y la sorprendió frente a una antigua mesa de botica con su armario expositor, donde se alineaban decenas de frascos transparentes repletos de canicas de cristal.

Al acercarse, el pequeño emitió un grito ahogado cuando constató que aquellas curiosas esferas tenían perfectamente definidos sus iris, sus pupilas y sus blancas escleróticas. La abuela, sin inmutarse ni un momento, le susurró:

—Siento que hayas tenido que ver esto, mi vida, pues la curiosidad mató al gato. Pero no llores, cielo, que no hay nada más resbaladizo que unos ojos cuando se humedecen... y luego no podré atraparlos.