Aquel carrito del supermercado no se balanceaba ni emitía ningún ruido extraño. Solo tenía un pequeñísimo defecto: sus ruedas delanteras se desviaban hacia la derecha de la marcha. Aunque esto no sucedía siempre; solo ocurría cuando alguna mamá se despistaba rebuscando alguna oferta promocional en las estanterías.
Entonces el carrito, con el bebé cargado en su bandeja, iniciaba de forma autónoma su ruta hacia la derecha, buscando el tercer pasillo, directo a la tapa abierta del arcón congelador.

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Déjame aquí tu sueño,
y soñaremos los dos...