Ahora Que No Queda Nadie





Ahora que no queda nadie, parece que la casa no respira y que los recuerdos no tienen ya dueño. Nadie que despierte las cortinas, ni que le cante bajito a los geranios; o que nos cuente algo en la sobremesa que sonroje hasta a las paredes encaladas. Empiezo a caminar por sus pasillos, como quien lee un libro emborronado: cada puerta es una historia acerrojada; cada ventana, un párpado cansado que ya nadie va a poder despertar.
 
Ahora que no queda nadie, me descubro dialogando con el polvo, pidiéndole que no se asiente todavía; que espere... por Dios, que espere... Por si acaso la abuela regresa y yo aún estoy aquí para abrazarla.
 
 

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