Por Un Amor Tan Grande

 

 

No fue por rabia ni por miedo: fue por amor. Por un amor tan grande que no cabía en la cama, ni en la casa, ni en los días. Un amor que pedía arraigo; así que Ella lo enterró... justo debajo del rosal que nunca florecía.

Y ahora sí: ya florece. Las hortensias también. Y el geranio. Todo le huele a Él: a su piel, a su sudor, a su forma de quedarse callado cuando se enfadaba.

Los vecinos le dicen que el jardín está distinto, como más vivo. Ella les sonríe. Jamás les gustó el perfume que Él usaba.

A veces, cuando riega, nota que la tierra se mueve, como si respirara; como si la escuchara. Entonces le habla bajito. Le cuenta lo que ha cocinado, lo que ha dicho su madre, lo que soñó anoche. Le dice que no se preocupe, que ahí estará bien, que nadie lo va a molestar; que, aunque el mundo es ruidoso, aquí siempre habrá silencio.

Y que Ella sigue amándolo. Cada día. Cada noche. Cada raíz.