Cuando era niño y olvidaba cosas importantes, el Monstruo del Armario me ayudaba a recordarlas: un nombre, una fecha, una promesa... Me las solía susurrar al oído mientras dormía. Al principio me resultaba útil; pero cuando me hice mayor, siguió trayéndome cosas —nombres, fechas, promesas...— que ya prefería no recordar.
