La Sonrisa Del Vencedor


Durante varias semanas, su astucia le ayudó a esquivar una trampa con olor a queso que había en el sótano. Él pensaba que aquel artilugio era un insulto a su magnífica inteligencia. Y para demostrar su superioridad, en lugar de morder directamente el cebo —como esperarían que hiciera—, fue royendo y debilitando el resorte del mismo durante varias noches, para que su mecanismo cediera y se activara solo.

Y así sucedió: en su última intentona obtuvo el rico queso de forma paciente y limpia. Entonces, el ratón sonrió satisfecho, sin ser aún consciente de que el estallido de la trampa, ciertamente, no lo había matado... pero sí que había despertado de su sueño al horripilante gato de la casa.