Ayer me tragué una mosca justo antes de besarte. Estaba seguro que arruinaría el momento, que intuirías que algo estaba pasando, que pensarías que soy un mierda comemoscas... Pero, al mirarme a los ojos, detuviste el tiempo. Se encendió el beso y nuestras lenguas se abrazaron con arrebato mientras los restos de la mosca se balanceaban, navegando entre la saliva de una boca a la otra; pero eso sí, con mucho amor.
