Él discutió con su esposa, pues juraba haber dejado la puerta cerrada con llave cuando, al volver a casa tras cenar fuera, Ella la encontró entreabierta.
Una hora más tarde fue consciente de su equívoco al despertar en su cama junto al cadáver de la joven, sintiendo el tacto frío de una navaja degollando su propia garganta.
Mientras se desangraba a borbotones, pensó que lo mejor de la noche iba a ser, sin duda, que no tendría que disculparse.
