El Regreso A Iznájar

 

 

 Iznájar sigue tan bella,
no ha cambiado desde entonces...

Y el Patio permanece igual:
sus muros de piedra
sosteniendo la tarde
y las macetas floreciendo,
aun sin saber para quién.

Pero, a pesar de todo,
de este dolor suspendido,
hoy algo se armoniza en mí,
como si el mundo acabara de encontrar
su imprescindible núcleo íntimo.

Y entonces dejo de esperarte.

No porque hayas llegado,
sino porque ahora descubro
que la espera era ya
tu forma de estar conmigo.

Y en esta claridad calma,
que aquí solo advierto yo,
aprendo por fin que hay presencias
que solo existen cuando el silencio,
en este Rincón del Beso,
termina volviéndose hogar.