Va desnudando el clarín a la aurora…
Con lamentables notas de insistencia
gime el ronco metal, incluso llora,
suplicando al cofrade su presencia.
Lágrimas de cirio ya marcan la hora;
la hora cruel... tan precisa, que sentencia
el partir de la mano redentora
que cargó a sus espaldas mi conciencia.
Los barrotes de mi celda abre el día…
Expiada, como reo, al fin mi pena,
yo quise recibir tu bendición.
Pero al ver de tu muerte la agonía,
rogué al juez, siendo injusta tu condena,
no ser merecedor de tu perdón.
