Aquel absoluto silencio que reinaba en la casa solo era interrumpido por el sonido algodonado de mis pasos sobre el parqué. Era la tercera vez que jugaba con mi hijo al escondite aquella tarde.
Al llegar a mi dormitorio, escuché la inconfundible risa de un niño, que provenía del armario. De hecho, el tirador se movía levemente por la impaciencia de quien aguardaba dentro a ser encontrado.
Entonces sonreí y estiré lentamente el brazo para desenmascararlo...
Pero, antes de tocar la manilla, noté un tirón en el pantalón de pijama desde
debajo de la cama. Al bajar la vista, me sorprendí al ver a mi hijo
agazapado en el suelo, mirándome con los ojos desorbitados mientras sellaba con un dedo sus labios.
—Papá, no abras... Te lo pido por Dios. Eso que hay ahí dentro te prometo que no soy yo.

Escalofriante...
ResponderEliminarEscalofriante...
ResponderEliminarHola Anónimo.
EliminarLeyendo tu comentario deduzco que, por algún motivo, el micro te ha resultado doblemente escalofriante, de lo cual me alegro.
Gracias por tu visita!!
Menos mal que lo he leído ahora recién despertado.
ResponderEliminarSi lo leo anoche antes de irme a dormir no pego ojo.
Espero no acordarme esta noche.
Hola, Toro.
EliminarNo te apures: seguro que era el loro de la abuela, que está hecho un cabroncete.
Gracias por pasarte!!