Prueba de Fe







(Toc, toc, toc...)

- ¿Quién llama a estas horas de la noche?

- Por favor, ¿puede abrirme la puerta?

- Pero, ¿quién es usted?

- ¡Soy La Felicidad!

- ¿La felicidad? ¿Qué felicidad? ¡ ¡Mire usted, voy a dejarle las cosas bien claras: vaya usted a mendigar a la puerta de otro vecino y no vuelva por aquí jamás! ¡Bastantes problemas tenemos ya en casa como para perder el tiempo con una desconocida!




Comentarios

  1. Me ha encantado esta anécdota.

    Me produce risa, reflexión, y a la vez pena porque hay personas que están tan preocupadas por todo, que nunca estan felices con el momento presente y se olvidan de disfrutar de las pequeñas cosas, gestos, sonrisas de la vida, esperando un futuro que nunca les llega.

    ResponderEliminar
  2. Ja ja ja...Es realmente bueno....Me recuerda a mi en un tiempo tonto que tuve, claro el que preguntaba ¿Quien es usted?...Y por que no decirlos en momentillos pocos que tengo a veces. A mi esto, mas que hacerme pensar en que a veces nos mortificamos con lo que va a pasar si esto o si lo otro,en un futuro.....Me hace pensar que a veces nos mortificamos , mucho demasiado, en el pasado, cosas como - Si hubiera hecho esto en vez de... -¿ Por qué pasó asi y no de otra forma?.....Y de un problema que tenemos acabamos pensando que tenemos la madre del problema...

    ResponderEliminar
  3. y si... a la gente de pobre corazón suele pasarle eso, la ventaja de ellos es que no le abren a nada ni nadie. En cambio nosotros, los que decidimos abrir las puertas de par en par, dejamos que entre la felicidad, y también entra el dolor, la risa, la soledad, los amigos, la muerte, el amor...
    son elecciones amigo mío, yo a pesar de todo sigo dejando las puertas abiertas... creo que vos tambien...

    aquí seguimos

    ResponderEliminar
  4. Ja,ja,ja...lo tenemos todo tan oido que ya no prestamos atención ni a las palabras...muy bueno!.

    Enhorabuena por el blog que me ha parecido muy interesante.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. este relato te deja pensando, es que a veces nos encerramos tanto en nuestros problemas que no dejamos entrar ni una gota de felicidad en nuestras vidas aunque esta venga golpeando a nuestra puerta y nos diga a gritos que es ella.

    ResponderEliminar
  6. ¡Mensaje captado!

    Vivimos tan inmersos en nuestra sombra, que a veces un leve rayo de sol nos ciega por completo, como a éste individuo de tu relato.

    ;)

    ResponderEliminar
  7. Hola, Cristina.

    Ciertamente a veces no sabemos donde vamos, ni siquiera lo que queremos realmente.

    Bsss.

    ResponderEliminar
  8. Hola, María.

    Gracias por tu visita.

    Sólo he tratado de provocar distintos sentimientos personales, que posiblemente también dependan de nuestro estado de ánimo. Puede llegar a ser jocoso, chocante o tremendamente patético... Es lo que apuntaba Cristina en su anterior comentario.

    Pero seguro que coincidireis conmigo en que la anécdota en sí representa, para nuestra suerte o desgracia, una buena parte del día a día en esta sociedad que nos ha tocado vivir.

    ResponderEliminar
  9. Hola, Fher. Me alegra que hayas vuelto por aquí.

    Tu comentario es bello y meditado. Y sí, tienes razón, soy como tú: de los que aún dejamos las puertas abiertas. Pero también me gusta pensar que a pesar de que mañana pueda amanecer nublado, aún sigue quedando mucho verano. Al menos, como te digo, me gusta pensarlo...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Bueno, Mbel, a veces andamos con tantas prisas que no atendemos ni a escuchar los latidos de nuestro corazón.

    Bienvenida a este pequeño rincón...

    Bsss

    ResponderEliminar
  11. Hola, Lady. Así es. En la vida no sólo hay que saber oír: también hay que saber escuchar.

    Gracias por volver a ésta, tu casa.

    Bsss

    ResponderEliminar
  12. Así es, Geles.

    Pero a mi se me antoja más bien que quién atendió la llamada en esta ocasión fue una individua. Creo que uno de los grandes problemas que tenía dentro de su casa era precisamente que su marido nunca se levantaba del sillón para abrir la puerta... Ni para nada.

    Bsss

    ResponderEliminar
  13. Jajaja me ha encantado el microrrelato, el final sobre todo. Aunque como ya te han dicho por aquí, refleja nuestra cabezonería.

    Muchas veces nos hundimos en problemas que no son tan profundos ni tan oscuros y no vemos todo lo bueno que tenemos.

    Pero el ser humano es así, qué se le va a hacer.

    ResponderEliminar
  14. Buenas noches, Dama.

    Es todo tal como lo describes. Y lo peor del caso es que no pretendemos mejorar...

    Bsss

    ResponderEliminar
  15. Muy bueno. Breve, pero contundente. Una auténtica prueba de fe :)

    ResponderEliminar
  16. Muy buen texto.
    Sólo nosotros somos capaces de ignorar lo realmente importante.

    Besitos.

    ResponderEliminar
  17. Puede resultar gracioso..pero a veces nos llaman y no abrimos...


    siento tener tu blog olvidado,pero tengo momentos dificiles.

    un beso muy grande

    ResponderEliminar
  18. Pues la verdad, y dejándonos de encabezamientos filosóficos, es que debe de dar como un poquito de repelús que a esas horas llame alguien así a tu puerta.

    Yo seguro que me caería de espaldas.

    Besazo!

    ResponderEliminar
  19. Breve y contundente... Como la vida misma.

    Bienvenida a esta casa, Susana. Un saludo

    ResponderEliminar
  20. Agradezco la generosidad de tu comentario. Loose

    Siempre un placer tu visita.

    Bsss

    ResponderEliminar
  21. Gracias, Poemas, por tu siempre esperada visita.

    Hoy, más que nunca, sé que tengo que agradecértela especialmente.

    Muchos besos para tu corazón.

    ResponderEliminar
  22. Hola, Víctor. Me alegra reencontrarte, y que retomemos nuestros pequeños debates públicos.

    Pero empecemos por tener caridad por la señora que no abrió la puerta, que con seguridad es quien más la necesita.

    Un abrazo muy especial.

    ResponderEliminar
  23. ¿Sabes lo que te digo, Alejandra? Que tu lógica aplastante me ha destrozado el post.

    Pero que te lo perdono.

    Un beso para ti.

    ResponderEliminar
  24. Hola !
    Me agrado leerte , gracias por compartir letras y pensamientos , saberes y alegrias , emociones desbordadas .
    saludos desde Salta en Argentina .
    Marcelo Romano
    "honrando palabras"
    _locura poética_

    ResponderEliminar
  25. Me acordé del texto de "Cuando nació mi tristeza" y el subsecuente "Cuando nació mi alegría".

    En mi país abunda el dicho "más vale malo conocido que bueno por conocer". ¿Será?

    D.

    ResponderEliminar
  26. Hola, Marcelo. Bienvenido a éste, mi humilde refugio.

    Me halagan tus comentarios, viniendo como vienen de alguien tan consagrado como tú.

    Un saludo desde España.

    ResponderEliminar
  27. A veces estamos tan envueltos en nuestras vidas que andamos ciego sordo ..En una casa que la felicidad es una desconocida,mmmm.Que triste!Cuando los angeles vienen disfrazados de mendigos, mas mendigo el que lo desprecia!ONMINAYAS impactante tu mensaje .Un fuerte abrazo!

    ResponderEliminar
  28. Pues no sabría que decirte, Darina: la vida es una gran casa de apuestas donde no siempre ganan los valientes.

    Sírvete tú misma un gran trozo de este pastel.

    Bsss

    ResponderEliminar
  29. Hola, Deborah.

    Así es, Deborah, así es... Siempre es un placer tu visita. Gracias a ti.

    Bsss

    ResponderEliminar
  30. Hola!
    Jajaja, sí, realmente son textos varios de un espacio de un año con muchas altas y bajas, lo siento que haya sido tan abrumador. Es un post reciente q sólo hice para guardarme mis debrayes por la web. Se me olvidó que en mi perfil sólo tengo ese blog para mostrar, aunque ya no lo utilizo.
    Lo de seguidores, da igual, pero gracias :)
    A mi me gustó haber llegado aquí, no sé cómo, y espero continuar haciéndolo.
    Un besito,
    mawa

    ResponderEliminar
  31. Hola Mawa. Bienvenida a mi blog.

    Al descubrirte como seguidora y devolverte la visita en tu blog, vi que no tenías dicho módulo en el tuyo.

    El módulo de seguidores es muy importante dentro de nuestros blogs, y no es para nada algo con que alimentar nuestro ego. En absoluto. Es una importante herramienta que tenemos en nuestro escritorio para estar al día de las entradas que van creándose en aquellos blogs que nos interesan.

    Deberías de agregarla, si tu intención es continuar escribiendo. Lo cual te aconsejo, para que podamos seguir disfrutando de tus sueños.

    Besos. Aquí tendrás siempre tu casa.

    ResponderEliminar
  32. ¡Que alegría, F osca! ¡Ya ves si te suena!

    Aquí me tienes readaptando la casa, con muebles nuevos y usados.

    Si te pasas por el salón (http://palabrasinsolentes.blogspot.com/2009/06/nunca-me-gustaron-los-cuentos-de-hadas.html), comprobarás que he vuelto a instalar los apliques que me regalaste.

    Un beso. La próxima vez avisa con tiempo y te colocaré la alfombra roja en el zaguán.

    ResponderEliminar
  33. Pasaba por aquí...

    Me encantó esta entrada tuya. Pequeñas cosas de la vida que nos hacen cuestionarnos muchas otras.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  34. Probablemente hiciste bien en cerrarle la puerta en las narices. Era un fraude. ¿Como lo sé? pues estoy segura porque la verdadera felicidad cuando llega, no llama ni avisa, entra arrasándote la vida y es capaz de colarse en tí a través de la rendija más pequeña. Lo aprendió de la tristeza, que le enseñó cómo invadir las casas ajenas.

    Besos angelicales.

    Pd: ¿qué bien me ha quedado la improvisación, no? parece un relato a medio esbozar jajajjajja

    ResponderEliminar
  35. Bienvenido, Anónimo.

    Cuestiones, a las que aludes, que siempre nos seguiremos haciendo.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  36. Muy aguda tu apreciación, Angelical.

    Y es que la vida está llena de gente desaprensiva...

    Bsss

    PD:Tienes razón; el comentario te ha quedado de fábula.

    ResponderEliminar
  37. Aqui me tienes otra vez para agradecerte esas palabras de apoyo...tienes un regalo en mi blog puedes pasar a recojerlo,te lo entrego con todo mi cariño...besos calidos desde mi corazon.

    ResponderEliminar
  38. :)
    voy a ver
    pero menos alfombra, q yo soy muy campechana XD

    ResponderEliminar
  39. Gracias, Poemas.

    Me pasaré a recogerlo, aunque me estás mal acostumbrando con tanto premio...

    Bsss

    ResponderEliminar
  40. F osca, aquí siempre tendrás una alfombra...

    ResponderEliminar
  41. Vaya! está claro que no se lo ha creido que fuera la felicidad a estas horas y la ha mandado con viento fresco hacia otra puerta.

    Beso

    ResponderEliminar
  42. Hola, Acuarela.

    Realmente era como para no creérselo.

    Intento entrar a tu perfil, pero no lo tienes activado. Una lástima.

    Bsss

    ResponderEliminar
  43. jajajaja
    Y yo que me pongo en su lugar y la veo tan infeliz y desolada...

    Lo mío es grave...
    Soberbio¡

    mmmm
    achuchón¡¡
    (amigable)

    ResponderEliminar
  44. Hola, Onm.

    Buenos días ¿Qué tal estás?

    Me he escapado un segundo de mi retiro y aprovecho para decirte que no, no era ella.

    No sé mucho del tema, pero cuando llega a tu vida te arrebata toda la desdicha sin preguntar y entra en tu vida sin remedio y por la puerta grande...

    Besos.

    ResponderEliminar
  45. Ya ves, Leni, a cada uno nos remueve un sentir distinto...

    Esto es lo bello de escribir, que una vez que lanzas al viento el verso ya dejamos de ser los dueños, y pasa a formar parte de quien lo recibe.

    Reachuchón igual de sentido.

    ResponderEliminar
  46. Hola, Mar. Aquí estamos.

    A veces encontrar la felicidad es tan fácil como mirar a nuestro alrededor... No hacen falta grandilocuencias, fuegos de artificio ni divinidades supremas.

    Besos sentidos.

    ResponderEliminar
  47. No dudo que la gran mayoría de nosotros ni siqiera le abramos la puerta por temor a "desconocidos".
    Espero que al menos te asomaras por la rendija..
    Bsox

    ResponderEliminar
  48. Era una puerta antigua, Vivienne, y no tenía ni siquiera mirilla...

    Quizás debiera haberlo hecho... Ahora me has creado un cargo de conciencia.

    Bsss

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Déjame aquí tu sueño,
y soñaremos los dos...