Foto: Playa Serena (Cristiandelosrios)
En un desenfrenado vaivén, entre incontrolables carcajadas de espuma, la lengua del mar lamía, devoraba bajo su falda, la playa virgen del acantilado. En el cenit de la tempestad, los gritos de la excitada tormenta ahogaban el alarido del fustigador vendaval.
Tras el embravecido temporal sobrevino la extasiada calma. Tras la interminable noche, el sosegado amanecer... Y entre aquellas sábanas de arena, inertes, los restos condonados del naufragio nos vinieron a recordar la impredecible voluptuosidad de la madre naturaleza.
Tras el embravecido temporal sobrevino la extasiada calma. Tras la interminable noche, el sosegado amanecer... Y entre aquellas sábanas de arena, inertes, los restos condonados del naufragio nos vinieron a recordar la impredecible voluptuosidad de la madre naturaleza.
