Ayer me tragué una mosca. Lo tuvo fácil: tras almorzar, me quedé dormido con la boca abierta. Fue lo más emocionante que me pasó durante el día. Nadie me llamó; nadie vino a verme... Solo la mosca. Entró a traición, sin pedir permiso: como los recuerdos, como la tristeza. Pero al menos, ella desapareció pronto.

Comentarios
Publicar un comentario
Déjame aquí tu sueño,
y soñaremos los dos...