El Ceremonioso Vestido Azul

  

  Cada vez que saca su largo vestido azul del armario, mamá huele y hasta habla diferente; a mí no me deja ni tocarlo. Le pregunto por qué, cuando se lo pone, su risa ya no es tan ruidosa, y me dice que un vestido tan serio pide más silencio. Además, incluso ella se mueve más despacio: como esas chicas que salen por la televisión andando en un pasillo muy largo.

 Cuando regresa, muy de noche, ella y el vestido parecen más cansados; por eso lo acuesta en el armario. Entonces mamá se lava todos los colores de la cara, se pinta su risa y vuelve a ponerse la ropa de jugar conmigo a diario.