El Continente Inédito

 

 

Apenas alcanzaba a asomar por encima del ultimo travesaño de su cunita y ya podías adivinar, intuyéndola de puntillas, la belleza del firmamento en su mirada. No era temor lo que expresaban sus enormes ojos, sino sorpresa, al descubrir toda la inmensidad que le ofrecía el universo ahí fuera. Y allí permanecía, en silencio, aguardando a que alguien se dignara a contestarle si la vida consistía, precisamente, en saltar sin red hacia el otro lado de su mundo.

 

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