Apenas alcanzaba a asomar por encima del ultimo travesaño de su cunita y ya podías adivinar, intuyéndola de puntillas, la belleza del firmamento en su mirada. No era temor lo que expresaban sus enormes ojos, sino sorpresa, al descubrir toda la inmensidad que le ofrecía el universo ahí fuera. Y allí permanecía, en silencio, aguardando a que alguien se dignara a contestarle si la vida consistía, precisamente, en saltar sin red hacia el otro lado de su mundo.

Yo le diría que efectivamente en eso consiste la vida. Si salta tendrá dos opciones. Si no salta tendrá solo una. Muy bueno!! Un abrazo.
ResponderEliminarCiertamente tienes mucha razón, Gil: buena apreciación. Un Abrazo!
EliminarMuy cierto. Hay que vencer el miedo y saltar.
ResponderEliminarBuen domingo.
Un abrazo.
Entre el temor innato a lo desconocido y la barrera de sobreprotección, ahí anda la pobre... Un Saludo, Laura!!
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