Cuando desapareció Michu, abracé al monstruo que vivía en mi armario para que me consolara. Y él me susurró al oído:
—No llores por tu gato, pequeña. Tengo una sorpresa para ti: pronto te reuniré con él.
Y así fue: me devoró.
Pero lo hizo con amabilidad, a bocados lentos, con mucha ternura.
Un monstruo tierno y amable que cumple con su tarea sin causar sufrimiento innecesario. La prueba es que la protagonista puede contar su historia una vez devorada.
ResponderEliminarHola Joselu.
EliminarMuy aguda tu apreciación. Pero era tal la amabilidad del Monstruo que, en realidad, el festejo duró varios días... Esto es solo el prólogo, para ir "abriendo boca": luego escribió varias entregas más.
Saludos Insolentes!!
Bueno, hay monstruos que devoran con sutileza y ternura, de tal manera que hasta parece un alivio al sufrimiento.
ResponderEliminarImpresionante!!
Saludos de dulce anís estrella.
Hola Sara.
EliminarLo que más me gusta de escribir es la libertad que cada lector tiene para reinterpretar la lectura. Me ha encantado tu punto de vista.
Un abrazo!
Qué voracidad, y qué delicadeza, la de ese monstruo.
ResponderEliminarEstoy mirando mal mi armario...
Hola Toro.
ResponderEliminarSi te digo la verdad, era un mal bicho... Pero tenía un noséqué que se hacía querer.
Gracias por pasar!!
Jolines con el monstruo que vivía en el armario, menudo susurro, y además lo llevó a la acción.
ResponderEliminarMuy buen micro.
Un abrazo.
Hola María.
ResponderEliminarLos problemas para acceder a una vivienda también existen para los monstruos: por eso empiezan okupándote el armario y terminan comiéndote por los pies... literalmente.
Saludos Insolentes!!