El Deseo y El Éxtasis

 

La ropa quedó atrás, esparcida en la alfombra, como una piel innecesaria de la que se hubieran desprendido con urgencia. Bajo la luz del aplique se produjo el encuentro: fue un choque caluroso; una búsqueda sensual que recorría cada centímetro de piel contrario con una curiosidad que parecía nueva e insaciable. Sus respiraciones se mezclaban con un ritmo entrecortado, mientras con la punta de sus dedos se exploraban reconociendo texturas; se estremecían en un silencio solo roto por el roce de las sábanas. Nada existía más allá que no fuese un deseo compartido naciendo de un volcán en plena erupción.

Se fundieron ambos, logrando que cada caricia fuese una reafirmación de su amor. Lograron detener el tiempo en aquel mínimo espacio de la cama, donde el encuentro los dejó agotados pero vibrando, aferrados el uno al otro como si fuese a llegar el final del mundo en unos minutos. Fue un estallido de vida, un placer profundo que los dejó jadeando y con el corazón golpeándoles con fuerza el pecho al unísono.

Cuando el pulso recuperó su habitual ritmo, siguieron abrazados, cada uno escuchando la respiración del otro.

—¿Te ha molestado la cadera? —susurró Él, rodeándola con ternura.

Ella sonrió en la oscuridad, acomodándose mejor en el hueco de su hombro, allí donde se había refugiado los últimos cuarenta y cinco años.

—Parece que todo el dolor se me haya pasado de pronto. Igual me ha merecido la pena el esfuerzo —le respondió, mientras le acariciaba el cabello canoso—.

Él soltó una carcajada ronca y le besó la frente, agradecido de que, a su edad, los cuerpos todavía recordaran cómo ganarle la batalla al inevitable invierno.

 

Comentarios

  1. Bien por ellos.
    Después de tantos años juntos sabiendo mantener el fuego merece mi aplauso.
    Que tengan fuego muchos años más.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Toro.

      Tienes toda la razón: la verdadera magia está en mantener esa llama encendida a pesar del inevitable paso del tiempo.

      Un abrazo y gracias por pasar!!

      Eliminar
  2. Una hermosa historia que muestra que no hay edad para el amor fisico, es importante en la pareja
    que el fuego de la pasion no se acabe a pesar de los años. Me gusto mucho la historia!

    Que tengas un buen día
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Ezequiel.

      Pues brindemos por que esa llama perdure...

      Un abrazo y gracias por pasar!!

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. Hola, Arantza.

      Me alegra reencontrarte después de tantos años. Creo que tenías otro perfil, pero no olvidé tu nombre. Ciertamente, y a cierta edad, debe resultar muy gratificante seguir ganando batallas a la vida, en muchos sentidos.

      Un abrazo y gracias por pasar!!

      Eliminar
  4. Hermoso... deliciosamente sensual...
    La madurez intensifica y hace más maravilloso el placer de los cuerpos al hacer el amor... ¡es un fuego que arde sin ser visto!...
    Tus palabras son perfectas Arantza... se sienten en la piel como dulces caricias...
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, A.S. y bienvenido.

      Celebro que, por lo que aparenta tu comentario, te haya gustado el microrrelato. Aunque, puestos a pensar y por lo que dices sobre Arantxa, me he perdido un poco. Más que nada porque ella vive dos portales más abajo de mi casa. Y ahora, la verdad, me has dejado con esa gran duda...

      Saludos nobstanteros!!

      Eliminar

Publicar un comentario

Déjame aquí tu sueño,
y soñaremos los dos...