Él compró los de "efecto calor", convencido de que por fin encendería la chispa que tanto les faltaba.
Ella, tras diez minutos de una sensación térmica propia de un asador de pollos, lo apartó con cansancio.
—Cariño —le confesó—, lo que yo necesitaba era que sacaras la basura y me escucharas un rato; para los sofocos ya tengo bastante con la perimenopausia.
