Cada amanecer, tan puntual como el sol, aparece en la plaza del pueblo El Payaso Serio Sin Circo: con su nariz roja, su traje de retales y una peluca rubia tan estropeada que parece el triste nido de un grajo.
Empieza su espectáculo ejecutando unos juegos de malabares con tres piedras que acaban rodando por el suelo. Luego continúa la representación con algunos chistes pésimos de los que nadie suele reírse. Para concluir su número, hace como que se tropieza con algo... pero con menos gracia aún. A diario, la indiferencia humana cruza frente a él como si formara parte del mobiliario urbano; algunos incluso cambian de acera. Pero él sigue ofreciendo su función sin inmutarse, porque no conoce otra vida... ni otro escenario que no sea el del asfalto.
Una vez, un niño que volvía del colegio le preguntó que dónde estaba su circo. El payaso se encogió de hombros y, bajando la vista al suelo, contestó:
—Se fue. Como también se marcharon los aplausos y los amigos.
El pequeño se sentó en el suelo mientras le respondía:
—Yo creo que aquel circo nunca te abandonó: se iría sin darse cuenta, pero seguro que jamás se ha olvidado de ti. Hoy, me gustaría ser tu público.
Y así, después de muchísimo tiempo, el payaso sin circo se acordó de sonreír. Se dispuso a interpretar su papel para alguien que lo iba a valorar de verdad. No hubo risas, pero sí atención. No recibió una gran ovación, pero sí un silencio respetuoso. Y cuando terminó, el niño sacó una galleta de su mochila y se la dio como recompensa por su función.
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Si te ha gustado la propuesta y quieres leer más como este, puedes hacerlo aquí: Los Microrrelatos De Los Invisibles.

Esa galleta dada con el corazón de un niño vale más que un tesoro.
ResponderEliminarHola, Toro.
EliminarAsí es. Para el pobre payaso, la moneda más valiosa era la atención, y la infancia aún tiene esa capacidad mágica de devolver la dignidad a quien la ha perdido. Ese niño no solo le dio algo de comer; le dio un escenario, un público y la certeza de que aún existe para alguien. La galleta le llenó el estómago durante unos minutos, pero estoy seguro de que alimentó su alma para toda la vida.
Un abrazo.
Qué maravilla de tierno. Me encantó. .
ResponderEliminarUn abrazo.
Hola, Sara.
EliminarAprovecho para hacerle un pequeño homenaje a uno de mis actores preferidos, Tim Curry, en su papel de Pennywise en It (1990), aunque en esta ocasión en las antípodas de aquel personaje.
Un abrazo.
Very sweet. Thank you for sharing. Warm greetings from Montreal, Canada ❤️ 😊 🇨🇦
ResponderEliminarHola, Linda.
EliminarNo sé cómo, desde tan lejos, has llegado hasta mi blog pero, en todo caso, gracias por tu visita. Me alegro de que te gustara el microrrelato. Pertenece a una colección llamada "Los Invislbles" y describe a las personas sin hogar cuya vida transcurre en la calle.
Saludos!!